Cómo se crea el calor de hogar

A nadie debería extrañar el hecho de que mientras diciembre nos trajo días más calurosos que los del verano, enero está transformando nuestras ciudades en hábitat de pingüinos. El invierno, la estación más fría del año, comienza entre el 21 y el 22 de diciembre, y es en los meses de enero y febrero cuando se alcanzan sus puntos más álgidos, en los que verdaderamente se puede llorar de frío.

Bueno, quizás lo último es exagerado en un país como el nuestro, pero si ahora divago acerca de las inclemencias del invierno es porque nuestro hogar, dulce hogar, se transforma en un congelador en cuanto se da el mínimo descenso en las temperaturas.

Hay varios factores que se conjuntan para que esto pase. No hace mucho que nos mudamos a este apartamento, así que nuestro mobiliario no es precisamente abundante; algunas habitaciones, como la recámara principal, reciben muy poca luz solar; pequeñas hendiduras en puertas y ventanas permiten que el aire frío entre como por su casa y en aras de mantener la amistad con el medio ambiente, nos hemos rehusado a instalar cualquier tipo de calefacción.

Pese a todo ello, amamos nuestro departamento, estamos encantados con el rumbo y las distancias, y nuestros vecinos son más que aceptables. Hemos de hallar, por tanto, la forma de dar calor de hogar a nuestro inmueble, sin hacer gastos desmedidos de dinero y energía.

Después de consultar algunas revistas de interiorismo, diseño y decoración, encontramos que la climatización del hogar puede lograrse con ayuda de otros elementos que acondicionan nuestra casa, como las cortinas, los muebles o los materiales para pisos. De esta forma empezaremos a dotar nuestro apartamento de ese calor tan necesario, al tiempo que le daremos un toque más personalizado.

Estas son algunas ideas que comenzaremos a implementar:

Cortinas gruesas

Las cortinas no sólo cumplen con la necesaria función de regular la cantidad de luz que entra en una habitación, también sirven para conservar el calor y contrarrestar el frío. Si eliges cortinas de telas gruesas, como la pana o el terciopelo, conseguirás las dos ventajas, porque podrás oscurecer más los espacios, cuando sea necesario y ponerle más barreras al viento helado.

Tapetes

La madera y las alfombras son dos de los materiales para pisos que mejor conservan y difunden el calor. Sin embargo, ambos pueden ser costosos y además requieren una considerable inversión de tiempo y dinero para su mantenimiento. Si colocar este tipo de materiales no está dentro de tus posibilidades, opta por los tapetes; además de que son una excelente opción decorativa, son más fáciles de lavar que las alfombras y también tienes la opción de guardarlos cuando no se requieran.

Burletes para puertas y ventanas

Como ya les decía, las corrientes de aire pueden colarse fácilmente por la parte baja de puertas y ventanas. Existen varias opciones para resolver el inconveniente, como colocar cerradores o barras de goma o aluminio. Pero una idea más sencilla y decorativa es confeccionar unos cojines alargados, llamados burletes. Se recomienda elaborarlos con telas gruesas y rellenarlos con hule espuma. Para que no se muevan, se pueden fijar con velcro a las puertas.

¿Qué tanto permites que te ayuden tus hijos en la cocina y en la casa en general?

Seguramente eres una mamá que gusta de darle lo mejor a su familia, y esto incluye la alimentación.

Pensar desde lo que comerán en el desayuno, el lunch de la escuela o la oficina, la comida, la cena y posibles snacks es lo que a veces agobia tanto a las mamás que buscan ofrecer un balance y hacer lo mejor posible.

Sencillamente ser madre, esposa, ama de casa y si trabajas dentro o fuera de casa por un ingreso económico, esta tarea de preparar los alimentos se vuelve toda una complejidad, ¿cierto?

Pues bien, debemos entender primero que nos somos unas “súper mujeres”; somos, efectivamente, unas grandes mujeres, que sentimos todo cuanto pasa a nuestro alrededor.

Cuando este punto lo tengas claro, observarás que debes aprender a delegar y ceder “poder” para disfrutar de ti misma como mujer y a tu familia en consecuencia.

Después de este punto y ante el tema de delegar y ceder, viene entonces el enseñar y hacer que la familia participe en tareas adecuadas a su edad.

Todos en casa pueden participar en las diversas tareas y una de ellas es en la cocina.

Efectivamente, es un lugar que no está destinada solo a las mujeres ni solo a los adultos, los pequeños pueden participar poco a poco en pequeñas tareas hasta conseguir preparar platillos más complejos que requieren el uso del fuego e instrumental filoso.

Un niño de 8 años, por ejemplo, bien puede preparar todo un lunch escolar sin mayor problema.

Para ello hay que enseñarles primero el valor de los nutrientes. Veamos algunas directrices:

Enseñarles qué alimentos contienen proteína e identificar claramente un vegetal de una fruta, un grano y la grasa.

Después de esto, habrá que enseñarle que un lunch nutritivo deberá contener al menos un ingrediente de cada uno de estos grupos.

Para ello pueden pensar en familia cuáles serían las alternativas que tienen, se crean los menús diarios y se compran los ingredientes para la semana.

De esta forma, él o los pequeños sabrán perfectamente qué hacer cada día para prepararse su propio lunch, incluso desde un día antes para evitar conglomeraciones en la cocina y posibles retrasos.

En este punto, mamá se podrá enfocar en otras tareas mientras que los pequeños aportan en los deberes de la casa.

Tareas y responsabilidades como esta hacen de los niños unas personitas más autónomas e independientes para enfrentarse al mundo que les avecina.

Si por alguna razón el lunch no estuviese listo, recurrir a visitar a Café Diletto para comprar tu box lunch en DF no sería para nada descabellado y te quitas de todo problema.

E incluso a veces darse estos pequeños escapes para enriquecer su propio repertorio con ideas, puede ser atractivo.

Otro tema importante en donde los niños pueden participar es en el arreglo de la casa. Por ejemplo, que sean responsables de colocar sus pertenencias en su lugar, ayudar con la limpieza, como el barrer, sacudir, aspirar, regar las plantas, trapear… en fin.

Son tareas que no les requieren de un mayor esfuerzo y sí te aligerarán el trabajo para tener tiempo para tí e incluso para tu familia.

Además, el hecho de que aprendan a hacer las cosas les ayudará a valorar el trabajo que requieren y serán más respetuosos al respecto.

Como verás, todo depende de la educación que les demos a nuestros hijos y lo que deseamos para ellos. El ser dependientes e irresponsables o el ser independientes y que valoren lo que tienen se inculca en casa.

¿Qué opinas?

Los pisos de madera y la humedad en casa

¿Estás a punto de mandar instalar pisos de madera en tu casa?

Entonces debes saber que uno de los factores ambientales que pueden afectar este tipo de piso es justamente la humedad.

Por lo que es importante que tanto el especialista que te instalará el piso y tú conozcan, cada uno en sus condiciones, como instalador y dueño de casa, lo que deben saber sobre la humedad.

Esto es importante, ya que muchas veces los contratistas saben perfectamente cómo instalar un piso, el seguir las instrucciones del proveedor, saben del tema y preparan todo adecuadamente para la instalación y llega el momento de su partida y hasta ahí llegó el tema del piso.

El nuevo dueño se queda con la tranquilidad de que todo estará bien y pasado el tiempo se da cuenta que no necesariamente es así, ya que comienza a ver ciertas anomalías en su piso que, seguramente, se hubiesen evitado con saber lo siguiente.

Así que pon mucha atención.

Es importante que sepas que cuando la madera recién se obtiene, se le conoce como madera verde y como tal, aún conserva un 30% de humedad, es decir contiene agua entre sus vetas.

Una madera que se encuentra lista para su venta e instalación es porque ya pasó por un periodo de secado previo para llevar la humedad en las maderas entre un 6 a 9%.

Por otro lado, debes también saber que las maderas son higroscópicas, es decir, absorben o atraen la humedad del aire o absorben fácilmente la humedad de la atmósfera.

Cuando una madera absorbe humedad se hincha y cuando se seca se contrae. Y pasa lo opuesto ante los climas que tienden a ser secos, la madera se contrae y cuando hay humedad se hincha.

Por ello, una de las recomendaciones es que el piso a instalarse deberá primero aclimatarse a las condiciones interiores de su nuevo hogar para lograr el equilibrio y de esta forma, una vez aclimatado, se evitará que se encoja o se hinche una vez instalado.

Todo este proceso es un paso previo, en donde los contratistas de pisos experimentados miden el contenido de humedad antes de su instalación y se aseguran también de que tu casa tendrá condiciones estables (humedad y temperatura constantes) antes de instalar el piso.

La idea es el evitar dolores de cabeza y reparaciones posteriores, ya que puedes experimentar situaciones como huecos entre tablones, porque la madera estaba a una humedad baja, por decir, del 9%, pero fue instalada con un ambiente con el 20% de humedad.

O podrías ver un piso que se empieza a hinchar porque la madera tenía un 6% de humedad, pero se instaló a una temperatura ambiente del 50% de humedad.

Y supongo que ninguno de los dos escenarios son los que nos gustaría ver en nuestro piso, ¿cierto?

Ahora bien, pensemos que el instalador de pisos hizo muy bien su trabajo siguiendo todas las reglas y normas preestablecidas; aún queda la pregunta sobre si el propietario debe saber algo adicional para cuidar de su nuevo piso.

Y la respuesta es un sí, contundente.

Aquí el dueño debe procurar mantener a su nuevo piso de madera en su zona de confort que generalmente se considera entre un 30% y 50% de humedad y entre 20 y 22o C, estas serían las condiciones del clima dentro de la casa.

Por lo que es importante que tengas muy presente que salir de tu casa por largos periodos y dejarla sin un clima adecuado, puede ocasionar que tus pisos se dañen.

Así que si vas a comprar pisos de madera, cerciórate con tu proveedor sobre aquellas opciones que sean las más convenientes y seguras, además de apoyarte de un buen instalador para hacer que tus pisos luzcan bien por mucho tiempo.

Por qué el descanso en las mamás es tan importante como el comer

El tema del descanso se vuelve una especie de tabú entre las mamás, y más cuando se es primeriza y durante los primeros meses del bebé.

Algunas mamás desde el embarazo llegan a tener incomodidades para descansar y esto a la larga trae algunos problemas, como la irritabilidad y el cansancio, que es lo más visible y en términos generales, después de dormir un largo periodo sin interrupción te puedes reponer.

Para ello solo requieres tu espacio y un poco de tiempo, además de contar con personas que te apoyen, por aquello de los deberes de casa o pedir un permiso en el trabajo si fuese necesario.

Si bien lo anterior es una situación un tanto extrema para compensar un poco el descanso, debes tener claro que lo más recomendable es dormir respetando los mismos horarios y la misma cantidad de horas de sueño, esto porque el sueño no es acumulativo.

Por lo que no puedes decir que hoy duermes 16 horas y mañana te pasas 24 horas despierto o, como suelen decir los adolescentes y jóvenes, hoy me desvelo y mañana me duermo todo el día.

No, así no funciona nuestro organismo y si bien puedes hacer esto muy de vez en cuando, no lo conviertas en una regla, porque la factura te llegará más adelante.

El descansar es tan importante como comer, y al igual que los alimentos, hay que respetar horarios y tiempos, por lo que no hacerlo traerá graves consecuencias.

Entre los grandes beneficios que ofrece un buen sueño están los siguientes:

  • Te mantiene atenta y alerta durante la vigilia.
  • Te sientes llena de energía para hacer tus tareas diarias.
  • Has permitido que tu cuerpo realice las tareas de reparación donde se producen desde cambios hormonales, bioquímicos, metabólicos, hasta los cambios de temperatura corporales.
  • Despiertas de buen humor.

Por otro lado, ¿sabías que, al no dormir bien o ante la falta de sueño por periodos de tiempo prolongados se acelera la pérdida de células del cerebro?

Sí, así es, por donde lo veas, lo mejor es descansar y lo ideal es hacerlo bien.

En este caso, cuando estás por tener a tu hijo o ya está en tus brazos y no has logrado dormir adecuadamente, entonces lo primero que debes hacer es ¡pedir ayuda!

Recuerda que no eres una “súper mamá” y mucho menos eres una persona de piedra. Pedir ayuda es tan válido y necesario para que te permita conseguir nuevamente tu equilibrio.

Las mamás de antes tenían quienes les ayudarán, desde sus mismas madres, tías, abuelas, la comunidad, los hijos mayores y muchas de ellas no salían a trabajar fuera de casa.

Hoy la mujer moderna debe “partirse” en varios pedacitos para ser mamá, ama de casa y trabajadora-empleada-empresaria, así que no dudes en pedir ayuda.

Sé incluyente, es decir, incluye a tu pareja o a tus hijos mayores, de ser el caso, en las tareas de la casa. Nuevamente, no somos las súper mamás y tampoco dejemos que piense eso nadie de tu familia.

Organízate lo más posible, considero que esto puede ayudar para que planifiques ciertas tareas con tus actividades y coloca en esa planificación el dormir tú.

Y la parte que más me gusta, es tener una cama adecuada a tus necesidades.

En lo personal, después de un día ajetreado, adoro llegar por fin a mi cama y descansar en mi mega colchón king size, sentirlo firme, cómodo y limpio sencillamente me invita al descanso.

Y busco perderme en mi lecho, con la firme idea de descansar y ya mañana… será otro día.

¿Te mudas? Qué hacer cuando llegas a tu nuevo hogar

Ante todo cambio de residencia siempre hay un periodo de adaptación.

Primero es ubicar tu domicilio en el mapa, después identificar a tus vecinos de al lado y darte una vuelta por la colonia para ver qué tienes cerca.

Para esto, contar con un croquis de la ciudad realmente es muy útil, máxime si no tienes idea de cómo es la ciudad, tal y como nos pasó a nosotros.

Ubicarte en el mapa y después adaptarte a la forma de manejar, las vías rápidas, cortas, calles al igual que sus usos y costumbres.

A veces estos cambios no son muy rápidos y llegas a perderte en un radio de un kilómetro pero es parte de la aventura.

Entre lo primero a ubicar en un nuevo domicilio son los servicios que tienes más cercanos como bancos, centros comerciales, tiendas, escuelas, etcétera.

Después es importante investigar, ya sea con tu casero o el primer buen vecino que te encuentres, algunas sugerencias en cuanto a plomeros, electricistas, carpinteros y albañilería.

Cuando uno se cambia, salvo que sepas del tema, siempre se requerirá de un especialista en alguno de estos ramos.

Otro buen consejo es que sepas dónde puedes comer cerca de casa.

Cuando te mudas, todo está empacado y hasta que no lo sacas de la caja, sin utensilios de cocina o el hacer ciertas instalaciones, el tema de la comida lo deberás cubrir de alguna forma, ¿cierto?

Afortunadamente llegamos a un lugar muy bien ubicado y con un par de vecinos muy amables, quienes nos orientaron sobre el barrio y nos facilitaron varias direcciones y recomendaciones.

Nos ofrecieron el directorio de la zona, un mapa de la ciudad, una serie de imanes con los teléfonos de cocinas económicas y restaurantes, en fin.

Agradecimos todo el apoyo y orientación y nos dispusimos a comenzar a desempacar.

Fue genial contar con aquella información en donde encontramos un establecimiento que tenía taquizas a domicilio, así que solo llamamos y nos dio tiempo de ducharnos y hacer una larga pausa para comer y descansar.

El acoplamiento fue rápido, porque llegamos a una ciudad pequeña y con gente amable.

Ya en la oficina, las cosas tomaron su curso que, junto a una rápida bienvenida, la aclimatación se está dando bien.

A veces los cambios nos dan miedo o dudamos en hacerlos, pero al buscar nuevos horizontes siempre te deparará cosas nuevas.

Por lo pronto nos sentimos cómodos y a gusto.

La casa ya tiene forma de hogar, en mi trabajo las cosas van muy bien y ahora tenemos tiempo para conocer más la ciudad.

Después de unas semanas, te das cuenta que el salir de la enorme ciudad y llegar a un lugar menos transitado y poblado te da espacio para moverte y disfrutar de los tuyos.

Ahora hasta tenemos tiempo para comer juntos e ir al gimnasio. Estos son los pequeños placeres de la vida que solo se aprecian hasta que los vives.

El arte de las manualidades para hacer piezas únicas

Una terapia muy útil para hacer en casa es realizar cierta “limpieza profunda” en ella.

No me refiero a limpiar los rincones de la casa o mover los muebles para aspirar esas zonas que nos quedan inalcanzables ante una limpieza cotidiana.

Me refiero más bien a una depuración de las cosas que hemos guardado por mucho tiempo y a las cuales les tenemos cierto apego.

En lo personal, hago una revisión de este estilo pasados un par de años, ya que a veces me olvido de lo que tengo y es una oportunidad para revalorar si efectivamente vale la pena seguir conservándolas o no.

En esta ocasión realizo mi operación de “limpieza profunda” después de que estuviera mi cuñada hospedada en casa por unos meses, debido a que se mudó de país y llegó a casa con muchas de sus pertenencias.

En ese entonces mi casa parecía bodega, porque ella tiene una gran cantidad de cosas que utiliza para realizar sus trabajos artesanales.

Muchas de sus cosas son antiguas, otras muy cotidianas y cuando ella pone su magia a trabajar crea un nuevo objeto con la combinación de otros.

Es una mujer interesante, ya que sabe usar herramientas tanto de joyero, como de soldador o carpintero. Las manualidades y el arte artesanal son lo suyo, es una mujer muy creativa y talentosa en su trabajo.

Además es un estuche de monerías, ya que sabe tejer, pintar, moldear y usar una máquina de coser y hacerse ropa especial, ya que ella no compra nada en las tiendas, todo su vestuario es de su creación e incluso así es como ha contactado a su clientela, que resulta ser muy particular.

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Durante su estancia en mi casa, observaba cómo iba transformando las cosas que tenía a su alrededor, desde crear tarjetas hechas a mano, joyería de fantasía y con plata, hasta esculturas hechas con cosas recicladas.

A mis hijos les encantaba ver que de un gran bote lleno de tornillos, tuercas y rondanas de diferentes tamaños, formas y hasta colores conseguía crear adornos y esculturas que eran altamente cotizadas entre la gente que ya conocía de su arte.

Son clientes que buscan cosas fuera de lo ordinario y además que sean piezas únicas y esto es justamente lo que hace muy bien mi cuñada.

En casa nos dejó un par de arreglos de navidad hechos de objetos interesantes con objetos de hace más de un siglo con flores que acababan de llegar a la tienda, utilizando follaje, esferas y esos detalles que encontraba entre sus grandes baúles y cajas.

Cuando lo puse por primera vez en la mesa del comedor, fue la pieza de decoración más llamativa de la casa, justamente por ser diferente y muy bella.

Y ahora que estoy comenzando con esto de la limpieza profunda me encontré con dos cajas llenas de sus cosas que, probablemente se quedaron una vez que se mudara a su nueva morada.

Estaba a punto de enviárselas cuando me dijo: “No mi querida cuñada, esas cajas las dejé con cosas especiales para ustedes. Tus hijos son creativos y han aprendido muchas cosas desde que estuve en tu casa y ahora con mi hermano. Así que dense la oportunidad de crear con lo que hay ahí lo que deseen”.

Me llamó la atención de que cuando se fue no nos lo dijera y fuera hasta este momento y de esta forma.

Bueno, mi esposo me dice que su hermana es un tanto especial, con ideas fuera de lo ordinario y esa es la mejor forma de dar las gracias.

Lo interesante de esta anécdota es que no hubiese encontrado esas cajas si siguiera acumulando objetos y a veces eso es lo que hacemos, enterramos valiosos tesoros sin darnos cuenta y llegamos a olvidarnos de ellos. Y déjame decirte que efectivamente los niños han creado cosas muy interesantes con estos materiales.

Por otro lado, también encontré cosas que ya con el paso del tiempo no solo se han deteriorado sino que también ya perdieron su valor sentimental y que pueden ser útiles a otras personas.

Así que lo mejor es  moverlas de lugar o darles una mejor vida al transformarlas en nuevos objetos tal como lo hace mi cuñada.

Puebla

El día de ayer fui al dermatólogo después de la oficina, para que me extrajeran un lunar que podría, en su momento, convertirse en algo indeseable, por lo que era imperativo actuar con tiempo y sin demora para evitar contratiempos.

Al llegar al centro dermatológico noté que el lugar estaba más lleno de lo normal, ya que nunca está vacío, debido a que ahí  se ofrecen muchos servicios médicos, como tratamiento para el vitíligo, fototerapia para tratar la psoriasis, además de todos los servicios normales que otorgan los dermatólogos.

Al salir del consultorio, gracias a Dios con muy poco dolor, me dirigí a mi casa para cenar con mi esposa y celebrar un día especial que todo el mundo parecía haber olvidado en las calles y oficinas de la Ciudad de México; ese día era simplemente el cinco de mayo.

Muchas personas, incluyendo los nacionales mexicanos, ignoran que pasó aquel día, cuando las armas mexicanas derrotaron al ejército francés de Napoleón III, con una fuerza inferior, tanto en número como en equipamiento.

La crisis comenzó el 17 de julio de 1861, cuando el presidente mexicano anunció la suspensión del pago de la deuda externa que se tenía con los países de Francia, España e Inglaterra, obscureciendo así los cielos políticos de la nación y atrayendo a una tempestad qué enfrentar.

Debido a esta suspensión de pago, los tres poderes involucrados se reunieron en Londres para plantear esquemas de acción y procesos para conseguir el pago de aquella nación, que parecía no poder cimentarse de ninguna manera.

puebla-portada-6-13072014-174526El gobierno británico y sus colegas españoles buscaban soluciones pacíficas, así como planes económicos para que el gobierno Juarista pudiera pagar las deudas sin caer en bancarrota y anarquía; sin embargo, la delegación francesa parecía desde entonces estar mucho más indignada y buscaba de manera muy directa una intervención absolutamente militar para forzar a México a pagar o a perder su soberanía.

Los franceses tenían toda confianza en que podrían lograr esto, debido al poder de su ejército, quien había recientemente derrotado a los rusos después de la sangrienta batalla de Crimea, por lo que marchar sobre México sería un juego de niños, esto lo pensaban porque no conocían a los mexicanos.

Aunque durante la conferencia de Londres se había pactado que México no sería invadido, los franceses desembarcaron en enero de 1862 en las costas mexicanas de Veracruz, con una simple intención y un sólido objetivo, marchar sobre México y tomar su capital.

Un gran problema era que el gobierno republicano y liberal de Juárez no podía obtener la ayuda del gobierno norteamericano, debido a que aquel país se encontraba inmerso en una guerra civil muy sangrienta, lo que significaba que tendrían que pelear solos.

El avance francés comenzó muy bien, aplastando a todo el que se le interpusiera; sin embargo, la historia cambió radicalmente al llegar a la ciudad de Puebla, que era el último bastión entre Veracruz y la Ciudad de México.

Gracias al coraje mexicano y a la arrogancia francesa, los invasores fueron derrotados en los Fuertes de Loreto, obligándoles a retroceder a Veracruz con la cresta caída.

Señales de que la adultez llama a tu puerta

El fin de semana pasado, mi bien amada y yo, acompañados por nuestros retoños, hicimos un viaje a mi hogar familiar; esa modesta, pero entrañable casita en la que crecí, allá en mi natal Pachuca.

Como solía decir una de mis maestras de la facultad, esto no es “nada para escribir a casa”, es decir, no es extraordinario en modo alguno, pues dicha visita la hacemos por lo menos una vez al mes, desde que nos mudamos de regreso a la Ciudad de México.

Sin embargo, este domingo, cuando volvíamos a casa por la tarde, me invadió un particular estado de ánimo, que mi querer tuvo a bien de calificar como “chipilez” (condición de chípil, término que según la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, deriva del náhuatl y se refiere al niño con problemas de salud o conducta, a causa del próximo advenimiento de un hermanito).

Y, en efecto, me encontraba chípil o necesitado de que me consintieran e hicieran caso, pues de pronto me entró una nostalgia inmensa por los años que viví en esa casa con mis papás y mis hermanos. Paradójicamente, buena parte del tiempo que pasé en ese dulce hogar, por cursi que suene, lo dediqué a soñar con salir de ahí.

Fantaseando primero y planeando después, me ocupaba en edificar esa vida adulta, en la que primero todo sería libertad, para ir y venir a donde, cuando y como quisiera, y después sería puro gozo y alegría, en compañía de una familia tan encantadora como las que salen en los especiales de navidad de la tele.

Al volver la vista atrás, desde una vida que no se parece con toda exactitud a la que había imaginado, pero que igual es fabulosa, no pude evitar que me inundara cierta melancolía, combinada con unos toques de arrepentimiento por no haber atesorado más aquellos instantes o por no haber apapachado a mi familia con la frecuencia debida

Mi linda esposa, que siempre me comprende, o al menos da la justa impresión de que lo hace, me dijo que muchas veces a ella le sucedía lo mismo y que las sensaciones de nostalgia y añoranza eran inevitables. No obstante, agregó, para experimentar esas emociones y sentir el justo aprecio por lo que teníamos, hace falta estar lejos. “De hecho, concluyó, ese anhelo por el hogar y la infancia puede ser la primera señal de que, ahora sí, somos adultos en toda la extensión de la palabra”.

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¿Será? Yo siempre pensé que ser adulto debía implicar mucho más que cumplir 18 años y tramitar la credencial del IFE (bueno, ahora INE). Lo asociaba más con el ingreso al primer trabajo, la inauguración del departamento de soltero, la autorización de la primera tarjeta de crédito o del primer plan de autofinanciamiento. En la segunda etapa vendría la vida estable en pareja, la hipoteca, los hijos, las escuelas. Vamos, que si todo eso no te hace adulto, no sé qué otra cosa pueda conseguirlo.

Pero mi esposa, que siempre ha sido y será más sabia, opinó que todo aquello constituían las convenciones sociales, particularmente, las de nuestra sociedad, que en una época y contexto determinados se relacionaban con la vida adulta. Sin embargo, la auténtica adultez o mejor dicho, la madurez, llegaba cuando el individuo empezaba a tomar consciencia de quién había sido y a dónde lo habían llevado sus decisiones.

Como siempre, me quedé asombrado por sus palabras y me dije que, en efecto, más que un estatus asignado por convenciones externas, la vida adulta es una cuestión introspectiva. ¿Ustedes que piensan, queridos lectores?

Nuestra relación de amor-odio con la comida

“¡A este paso, tendremos que pesarnos en básculas camioneras!”, dijo riendo la luz de mis ojos, después nuestro desayuno de doble vitamina T (Tortas de Tamal), el domingo pasado. Lo malo es que tal homenaje a los carbohidratos y las grasas fue sólo la portentosa conclusión de aquel fin de semana dedicado a los antojos. Empezamos desde el viernes, cenando hamburguesas del puesto de la esquina y continuamos el sábado, cuando las comidas del día nos llevaron por las gorditas del tianguis, las pizzas al horno de piedra y las crepas.

Se preguntarán el motivo de nuestro soberano atracón. Pues bien, resulta que nuestros hijos se fueron de campamento con su equipo de natación y para matar la nostalgia y aprovechar que no teníamos a quién darle buen ejemplo, nos entregamos al desenfreno alimenticio. Sin embargo, al caer la tarde del domingo, mientras esperamos a los niños en medio de la melancolía de esa hora (¿o seré sólo yo quien sufre las tardes de domingo?), mi esposa y yo empezamos a sentir el gusanito de la culpa.

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“¿Por qué comimos así? -se preguntaba- ¡Como si no hubiera un mañana! Seguro que ahí perdí todo el trabajo de la semana en el gimnasio”. No quise agregar nada más a su calvario, pero la verdad es que yo me hacía las mismas recriminaciones. “No te preocupes –contesté-, sólo fueron antojos. Mañana hacemos rutinas dobles para quemarlo todo”. “Pero, ¿y si ya no podemos dejar de comer así?”, respondió ella, con auténtica preocupación en la voz y la mirada.

Entonces comencé a pensar en esos estudios acerca de la adicción que provoca la comida chatarra y en la variedad de trastornos alimenticios que se pueden desarrollar hoy en día. Pero enseguida me vino a la mente una pregunta que, por tonta que pueda parecer, me puso a reflexionar un buen rato; ¿por qué am-odiamos la comida?

Coincidirán conmigo en que la razón de nuestro amor por la comida es de lo más obvia; ¡la necesitamos para sobrevivir! Mi abuela lo resumía en un sabio dicho, “A todo se acostumbra uno, menos a no comer”. La ciencia nos ha demostrado que, de hecho, la vida se pierde más rápido al estar privados de agua; pero yo no quisiera llegar a comprobarlo, prefiero renunciar a cualquier cosa con tal de no dejar de comer.

Ahora bien, si la comida nos mantiene en esta vida que, pese a sus sinsabores y vaivenes, tiene su encanto, ¿por qué llegamos a detestar ese sustento que, además de nutrirnos, inunda el paladar de placeres? Como mi amada y yo comprobamos, nuestra voluble relación con los manjares descansa, sobre todo, en la falta de mesura. Cuando no sólo buscamos lo necesario, sino que nos dejamos llevar hasta los confines de los excesos, aquello que sólo debía nutrirnos y moderadamente complacernos, empieza a desbordarnos. Y tanto se peca por exceso como por defecto, pues una vida privada de todo placer y antojo, sería quizás peor que no vivir.

Así fue que lo decidimos; no más fines de semana dedicados por entero a los antojos, aunque sin caer en el extremo de la total privación. Habremos de elegir tan sólo un gusto, sea para el viernes, el sábado o el domingo, y luego, ¡a vivir como ejemplos de moderación!

El primer día

Nuestro hijo mayor salió enfurruñado de la escuela el primer día de clases. De camino a casa le pregunté varias veces si algo había sucedido, pero se limitó a decir que tenía sueño. Mi esposa trató de platicar con él a la hora de la comida, pero él insistía en que no pasaba nada, mientras revolvía la sopa con desgano. Luego de medio hacerle el favor al guisado y el postre, se encerró en su cuarto.

Cuando llegó la hora de la merienda y vimos que aún tenía el ceño fruncido, empezamos a preocuparnos. ¿Sería que en la nueva escuela, que tanto nos habían recomendado y que mucho presumía de sus modernos sistemas pedagógicos, también se daba el famoso bullying?

No quedó más que sacarle las palabras “con tirabuzón”, como decía mi abuela, y luego de mucho esfuerzo, logramos averiguar la razón de su enojo. ¡Los maestros se habían atrevido a dejarle tarea el primer día! Tenía que resolver un problema de matemáticas, escribir una redacción en inglés acerca de sus vacaciones y para la clase de ciencias sociales, investigar la biografía de William Soto Santiago (esto último no le costó demasiado trabajo, gracias a internet).

¡Así que eso había estado haciendo toda la tarde en su recámara! Nada más y nada menos que la tarea. Mi corazoncito y yo hicimos lo mejor que pudimos por animarlo; le dijimos que todo en la vida cumplía su ciclo y que al terminarse las vacaciones, no quedaba más que volver a las actividades normales. Además mencionamos que no era tan malo entrarle a los deberes desde el primer día, pues aunque ahora le resultara un poco difícil y casado, para mitad de semana ya habría “calentado” y estaría encarrilado por completo en el nuevo ciclo escolar.

Ofrecimos ayudarle con lo que tuviera pendiente, pero resultó que ya había terminado todo. En realidad, más que cansado o abrumado, estaba enojado porque así, de buenas a primeras, lo mandaron a casa con varios trabajos. Luego de que desahogó su mal humor y se dio cuenta de que, al fin y al cabo, hasta terminó la tarea temprano, recuperó la sonrisa y se fue con sus hermanos a jugar.

Mi amor y yo nos reímos, pero cuando ya todos se habían ido a la cama y ambos degustábamos nuestras respectivas infusiones para relajarnos, comentamos que a nuestro retoño no le faltaban motivos para el desencanto. Los dos coincidimos en lo difícil que es retomar las obligaciones cotidianas después de cualquier periodo de asueto que vaya más allá del efímero fin de semana; llámese puente, Semana Santa, maratón Guadalupe-Reyes o vacaciones de verano.

Sin ir más lejos, yo regresé ayer a la oficina, después de haber tomado el jueves y viernes a cuenta de vacaciones para resolver algunos pendientes. No estuve tendido en el sofá, ni mucho menos, pero el simple hecho de no despertar de madrugada, desayunar con calma y pasar más tiempo con la luz de mis ojos, lograron que olvidara el estrés y la rutina. Claro que también me desacostumbraron un poco del trajín e hicieron que pasara el lunes con un ánimo más “zombificado” de lo normal. ¡Cuánto más no sufriría nuestro niño, después de casi dos meses de asueto!

Pero, en fin, así sucede con los primeros días, ¿no creen?